El coche de la posventa termina con éxito el UNIRAID 2019

Así transcurrió la segunda parte del UNIRAID para Ferran Herrero, piloto que contó con el patrocinio de distintas empresas de la posventa.


Hace aproximadamente un mes, en MotorOK os empezamos a contar la aventura del piloto Ferran Herrero en el UNIRAID 2019. A bordo de su Ford Fiesta de primera generación, el joven se aventuró en un rally solidario por la geografía marroquí para vivir una experiencia única… y desafiante.

Pero Ferran no lo hizo solo ya que, además de viajar junto a su copiloto y tener el apoyo del resto de participantes de la prueba, así como de la organización, también recibió el apoyo de un nutrido grupo de patrocinadores. Entre los sponsors destacan reconocidos miembros de nuestra posventa, los cuales quisieron apoyar esta iniciativa con fines solidarios para con los más necesitados al otro lado del estrecho. Hablamos, en concreto, de las empresas Castelao, Montcada Artículos Técnicos, Reconstruidos Mober y Tungsram.

A continuación, compartimos las impresiones del propio Ferran en su resumen de la segunda parte del UNIRAID (etapas 3, 4, 5 y 6) el cual logró terminar y, lo más importante, habiendo cumplido con su cometido solidario durante su estancia por suelo africano. ¡Felicidades!

coche de la posventa UNIRAID 2019

Etapa 3 (nocturna)

Esta etapa era más corta de la habitual, pero no menos exigente. Son seis kilómetros de recorrido 100% en pista con una hora y media de margen de tiempo para completarla. A primera vista puede parecer que hay tiempo de sobra y que el recorrido es extremadamente corto, lo que da pie a confiarse después de superar las dos primeras etapas. Lo primero que pensamos fue que sería una etapa para rebajar el ritmo y disfrutar, pero nos equivocábamos. No contaba con que la noche y la escasa visibilidad podían ser muy traicioneras.

Para esta etapa, la estrategia que planteamos fue buscar los coches de nuestro grupo cuyo punto fuerte fuera la iluminación. Nos ordenamos en posición de salida según la cantidad de iluminación que cada coche podía aportar, de manera que los coches de delante fueran los que marcaban el camino a seguir. La estrategia puede sonar bien, pero la realidad allí es que toda iluminación es poca. Las luces LED que estuvieran posicionadas en la baca o techo de los coches no aportaban demasiado; es más, penalizaban la conducción porque la luz reflejaba sobre el capó, quitando visibilidad al conductor.

En un lugar como el desierto, cuesta ver o encontrar vegetación, de modo que nos dimos un pequeño margen sobre el roadbook para correr por pista. Poco después de plantearnos esta situación, nos dimos cuenta de que no era buena idea, puesto que había árboles y pequeños matojos repartidos por las pistas (sin mencionar las piedras), lo que nos anulaba el margen que teníamos establecido. Puede llegar a resultar peligroso, pues a la que salgas de una curva o pases rápido por un tramo de pista y te encuentres un árbol de cara, puede acabarse la etapa. Por fortuna, pudimos adaptarnos a la situación y transcurrimos esta etapa sin problema alguno.

Si bien es cierto que esta etapa no fue la que se nos dio mejor, acabamos con un tiempo aproximado de 1h 23min. Durante este recorrido pasamos por algún río de arena, donde se suele perder mucho tiempo si te quedas encallado, pero no fue nuestro caso. Al finalizar la etapa, en una de las dunas cercanas al campamento, la asociación de niños a la que les donamos el material solidario había dibujado un corazón con velas en la duna como muestra de agradecimiento.

coche de la posventa en UNIRAID 2019

Etapas 4 y 5 (maratón)

Esta es la etapa más dura y temida del Uniraid. Más de 24 horas de etapa, de 300 kilómetros por recorrer sin campamentos ni gasolineras por el medio del desierto. Para empezar, tuvimos que mirar de racionalizar correctamente las provisiones que teníamos para sobrevivir sin problemas. A priori, 24 horas de etapa puede no parecer mucho, pero tras superar las tres primeras acomodándonos en pequeños campamentos y sin pasar por gasolineras, la realidad era que estábamos muy cansados, nos duchábamos cuando podíamos y habían racionalizar muy bien la gasolina.

Esta etapa realiza el recorrido de la “Pista prohibida del Paris – Dakar”. Tuvimos que recorrer ríos de arena de más de dos kilómetros de ancho y varios kilómetros de largo. Aquí me atrevería a decir que nadie se salvo de quedarse atascado. Es un recorrido muy exigente para los coches, pues no puedes dejar de dar gas en ningún momento para evitar hundirte en la arena fina. Normalmente, en estos recorridos no se podía pasar de segunda marcha y había que llevar bastante revolucionado el motor para buscar siempre tracción, mientras se movía de forma constante el volante de un lado a otro para intentar mover la arena y evitar enterrarse de nuevo.

Estas maniobras implican un gasto alto de combustible y, pese a tener 20 litros en el bidón metálico para ir rellenando y haber salido con el depósito lleno, veíamos con temor cómo la aguja del depósito iba bajando a lo largo del día. Nosotros presentamos un problema en esta etapa: en medio del río de arena y, a pesar de haber bajado las presiones de los neumáticos de 1.5 a 0.8 para que el neumático hiciera la máxima superficie posible, nos vimos obligados a parar porque sospechamos de un pinchazo en una rueda motriz.

Al revisar la rueda vimos que sí perdía aire, pero no estaba pinchada. Parece que en algún momento destalonamos el neumático, ya que su perfil interior se había separado de la llanta. Con un poco de pasta, conseguimos solventar el problema y 20 minutos más adelante retomamos la marcha sin problemas hasta la noche, donde debíamos acampar según nuestro criterio.

Pasamos muy cerca de Argelia, donde la organización nos indicó que debíamos ir con extrema precaución y estaba prohibido hacer fotos, llamadas, luces o sonidos; debíamos pasar este tramo lo más rápido y discreto posible. Tras toda esta aventura, decidimos acampar en las dunas, pues excavando un poco puedes hacer la forma de tu cuerpo y dormir como si estuvieras en la playa. Cuando las temperaturas bajaron en picado, decidimos hacer una hoguera y comer algo.

A la mañana siguiente retomamos la marcha y, pocos kilómetros después de empezar el día, nos encontramos con una subida por un desfiladero de rocas, seguido de una bajada al valle por la ladera de una duna. Esta bajada es conocida allí como “la bajada de la muerte”, exagerado a mi parecer aunque sí es cierto que impresiona y choca mucho al verla. Después de esta impresionante bajada, seguimos varios kilómetros más por paisajes espectaculares. Cañones, dunas y grandes extensiones de tierra fina.

A lo largo de esta etapa, muchos equipos abandonaron. En gran parte, por problemas mecánicos y atascos graves ya que las altas temperaturas, la exigencia mecánica y los hundimientos en la arena hacían realmente difícil esta etapa. Otros equipos también abandonaron por presión, pues a medida que avanza la prueba te exige más como participante y las tensiones entre el piloto y copiloto en ciertas situaciones llegan a ser importantes.

Tras pasar por el arco de meta nos sentimos realmente felices, pues el hecho de superar esta etapa maratón ya te hacía “finisher”. Aún no podíamos creer que nuestro coche lo hubiera conseguido, porque lo pasamos francamente mal con todos los saltos, golpes y terrenos que habíamos pasado desde el inicio del UNIRAID y hasta llegar a este punto.

coche de la posventa en el UNIRAID 2019

Etapa 6 (final)

En el briefing del día anterior, el director de la prueba insistió en extremar la prudencia al volante durante en el recorrido final hasta Marrakech. Una vez finalizadas las etapas por pista y arena, tocaba volver al asfalto por una carretera principal muy concurrida por todo tipo de vehículos cruzando el puerto de montaña del Col du Tichka, a más de 2200 metros de altitud, con unas vistas y curvas cerradas impresionantes.

El itinerario pasó por parte de la ruta de las mil kashbas y paramos a visitar la Kashba de Ait Benhadou, una de las más espectaculares de Marruecos, escenario de múltiples películas y series (como Juego de Tronos). La llegada a la bella ciudad de Marrakech supuso un gran contraste para nosotros, pues en pocas horas pasamos de la soledad de las aldeas desierto a la gran ciudad. Después de una semana de tienda de campaña y saco de dormir, aterrizar en un hotel con camas y duchas infinitas fue el mayor premio que podíamos recibir.  Esa noche, además, se celebró la ceremonia de entrega de premios.

Es al final de esta gran aventura, cuando fuimos conscientes del gran trabajo llevado a cabo durante este último año y la intensidad de todo lo vivido y experimentado durante la última semana: buscar y preparar un coche, conseguir patrocinadores, cruzar el desierto con un coche muy sencillo, entregar material a personas que realmente lo necesitan… Pero, sobretodo, hemos aprendido que, si le ponemos ganas y afrontamos los retos con tenacidad, ilusión y esfuerzo, somos imparables y en la vida conseguiremos todo aquello que nos propongamos.

Que nadie nos vuelva a decir nunca “tú no puedes”… ¡A nosotros no!

 

motorok

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